Avance de la Ciencia y la tecnología, ¿avance de la humanidad? (ESP-PORT)



Los cuerpos son la presa de las biotecnologías que prometen el “todo” y la “eternidad” a cambio de dejarse manipular quirúrgica y genéticamente y llevan implícita la promesa de “felicidad”. Se asiste al surgimiento de un nuevo tipo de saber, con un ansia de totalidad, que pretende ejercer un control total sobre la vida y superar las limitaciones biológicas.



Cynthia Tombeur, 24/02/2016, Buenos Aires
APA; Asociación Psicoanalítica Argentina / cynthiatombeur@yahoo.com.ar

 

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Avance de la Ciencia y la tecnología, ¿avance de la humanidad?

 

“…Las creaciones de los hombres son frágiles, y la ciencia y la técnica que han edificado pueden emplearse también en su aniquilamiento…”[1] (S. Freud 1927)

 En cada época, en cada momento de la cultura, hay un discurso que afecta al sujeto y lo atraviesa.

Es en la realidad donde vamos encontrando los diferentes elementos con los que trabajamos como analistas. [2] (L. Peskin  2014)

Las nuevas tecnologías que pueden ser muy útiles para el conocimiento, por otro lado estimulan la inmediatez, el “no esperar”. Nos bombardean ofreciendo cada vez conexiones más rápidas. Esto influye en la sociedad que va extrapolando también esta modalidad a los vínculos afectivos, a la resolución de conflictos, que tienen que resolverse “ya”.

La acción, la velocidad y la imagen son elementos privilegiados por sobre la palabra y la reflexión. Uno podría decir que, con el desarrollo de la tecnología estamos más comunicados que nunca. Ahora ¿esto es así?

¿Cómo se comunica la gente? Esto ha ido variando en las distintas épocas de la historia de la humanidad. En la actualidad, el avance tecnológico ha incidido en forma directa en nuestra sociedad, creando distintas maneras, nuevos conceptos, cambiando nuestro modo cotidiano. Cuando se trata de la Web, no es necesaria la presencia del otro, aunque haya productos que puedan ofrecer esa alternativa como por ejemplo Skype, Facetime. Así, en los restantes productos tecnológicos que nos permiten comunicarnos, éstos no aseguran que ese otro con quien  interactuamos sea realmente quién dice ser.

El individuo se desplaza en el espacio virtual, que pasa a ser una realidad virtual que le permite sumergirse en este nuevo mundo, navegar en él y estar al alcance de imágenes que, como en el sueño, se sustraen del espacio y el tiempo y admite figuraciones simultáneamente contradictorias.

Para el psicoanálisis, existe lo que llamamos “realidad psíquica” que es una forma particular de existencia, es lo que para cada sujeto adquiere, en su psiquismo, valor de realidad que no debe confundirse con la realidad material.

Cuando un sujeto está determinado tiempo inmerso en la realidad virtual que ofrece Internet llega a comportarse como si fuera la realidad material, rechazando el mundo real, demasiado frustrante si se lo compara con el virtual, en donde todo es posible. Es un mundo ilusorio, sin rupturas ni conflictos. En un goce absoluto, imposible.

El avance tecnológico impacta en la cultura y trae consigo cierto materialismo e incomunicación extrema donde el contacto con el otro perturba, se evitan desbordes, también un compromiso. Asistimos a una cultura, donde hay un aumento de las separaciones, divorcios, casamientos igualitarios, las mujeres se quejan de la falta de compromiso de los hombres, mientras que los hombres se desalientan ante tanta histeria.

La distancia no sería un obstáculo para conectarse y a la vez conectarse no es obstáculo para mantenerse a distancia, favoreciendo el desarrollo de inhibiciones. Esta distancia actuaría como una protección cuando los vínculos amorosos se vivencian como prohibidos, imposibles, y por este medio se podrían liberar sentimientos que han sido reprimidos o inhibidos por la censura, sin los riesgos que guardan las aspiraciones edípicas. Lo que mantiene el intercambio es siempre lo “no” dicho.

En la actualidad, hay un predominio del individualismo donde toma mucha fuerza buscar la satisfacción dentro de uno mismo ya que estar con otro implica encontrarse con la diferencia, con lo ajeno, con lo no-yo.

“…Todo el mundo está a nuestro alcance, nos encontramos con un exceso de realidad en detrimento de la fantasía. Todo se puede ver y se puede hacer, no hay límites”...[3](J.Schvartzman, 2014)

La pantalla captura al sujeto, al igual que el espejo, porque tiene el valor de integrar y dar sentido a lo fragmentado.

La modernidad ha liberado al hombre de los lazos pre individualistas y aún cuando la libertad le ha proporcionado independencia y racionalidad, lo ha aislado y tornado ansioso e impotente. Como el aislamiento le resulta insoportable, la alternativa que se le ofrece es rehuir la responsabilidad de esa libertad y así se precipita en nuevas formas de dependencia y sumisión. La modernidad se ha caracterizado por la acumulación, por tapar el vacío para huir de la angustia. Cabe destacar que en todas las épocas, en la humanidad hay avances y desarrollos en la cultura y a ese proceso debemos lo mejor que hemos llegado a ser y también una buena parte de aquello a raíz de lo cual penamos.

La ciencia y la tecnología son la nueva religión de la modernidad, porque tienen la capacidad de crear, y no simplemente de describir, la realidad. El nuevo sueño apunta más lejos: busca la trascendencia del ser humano, sugiriendo una posible prescindencia de todo soporte orgánico y material para atravesar sin restricciones tiempos y espacios.

Tendemos a creer que el proyecto del avance de la ciencia y la tecnología consiste en mejorar las condiciones de vida de la mayoría de los seres humanos, cuando en realidad no es sólo eso sino que anhela superar todas las limitaciones derivadas del carácter material del cuerpo humano que es el que nos limita y restringe. De ahí que observemos como pone todo su arsenal al servicio de la reconfiguración de lo vivo, luchando contra el envejecimiento y la muerte.

Los cuerpos son la presa de las biotecnologías que prometen el “todo” y la “eternidad” a cambio de dejarse manipular quirúrgica y genéticamente. Por supuesto que el todo y la eternidad llevan implícita la promesa de “felicidad”. Y esa felicidad es un factor de consumo donde se impulsa y estimulan las diferentes demandas, trastocando los estilos de vida, generando nuevas formas de relación con uno mismo, con el tiempo, y con los otros. Podríamos pensar que del consumo pasamos al hiper consumo. “No sé lo que quiero pero lo quiero ya”.

Asistimos al surgimiento de un nuevo tipo de saber, con un ansia de totalidad, que pretende ejercer un control total sobre la vida y superar las limitaciones biológicas.

Bajo la forma de aspiración al “todo” que se manifiesta en la forma del cuerpo perfecto, el mercado ofrece una gran variación: bebidas reconstituyentes, se multiplican las píldoras que prometen la conservación de la juventud eterna, el aumento de libido, la eliminación de las dificultades sociales y las relacionales entre las personas.

El discurso de la Ciencia y sus derivados como así del avance tecnológico tienen una incidencia directa sobre los cuerpos y la manera de circular de la pulsión. En este sentido vivimos una realidad de Ciencia ficción.

De ahí que surja la idea de que tanto la Ciencia como la tecnología son la “nueva religión” cuyo objetivo es hacerle creer al hombre que puede ser Dios.

En consecuencia, el hombre para lograr ser Dios tiene que lograr la eximición del cuerpo, Dios no tiene tiempo, ni espacio, ni cuerpo, ya que el cuerpo existe en relación a un otro, sino hay soma.

El querer ser Dios ¿no estaría más en relación a la búsqueda de una reinfetación?,[4] (A. Rascovsky, 1960) ¿de una regresión al momento en que el feto se encuentra en la ventajosa circunstancia de que los esfuerzos fundamentales de adaptación al mundo real externo son cumplidos por el organismo materno, por eso puede prescindir de los objetos reales y mantenerse en un mundo ideal, constituido por el conjunto de las protofantasías heredadas y almacenadas en el Ello? Ó el querer ser Dios ¿será el momento constitutivo del narcisismo, donde hay un júbilo, una totalidad, una ilusión?

El hombre deviene el creador y para él todo debe ser posible, ningún límite debe impedir su progreso, en su camino de autodivinización.

No hace falta Internet ni una computadora para que veamos que el cuerpo va desapareciendo a raíz de las políticas sociales de una determinada época, operadas sobre el propio cuerpo, con un grado de perversión. Cuerpos de autoconsumo, cuerpos modelos de mercado, producidos por maquillajes, cuerpos como objetos de diseño, medicación, operación, prótesis, cuerpos bombardeados por las innumerables inquietudes que genera el “progreso”  y que se alejan de ser cuerpos habitados por el deseo, con sus equívocos y sus posibilidades de creación.

Haciendo un análisis más macro social e histórico uno podría plantear que en el siglo XX el interés político fue el de denigrar al sujeto portador de un cuerpo a un soma. Así se generó un holocausto, dos guerras mundiales, campos de torturas, desaparición de personas. El otro tenía que desaparecer porque me enfrentaba, disentía, no lo controlaba. Si logramos correr de escena al cuerpo, que es el que nos muestra nuestros límites, que nos ancla, es lo que muere, es lo que se degrada, es la frontera, más podremos proyectar una ilusión donde el futuro va a ser mejor y esto es lo que en el imaginario actual circula. ¿Pero cómo lograrlo? Porque la desaparición de los cuerpos es algo que ha costado muy caro, las sociedades se lo cobran, lo facturan (Juicio de Nürenberg, juicio a las Juntas en nuestro país).

En consecuencia, una lectura posible es que, la mejor manera que desaparezca el cuerpo sin la extinción material, es vaciando las mentes, para que no piensen, se roboticen. Y ¿cómo podría llevarse a cabo? Una posibilidad en este avance, es que la Ciencia, apoyada por ideas políticas y economías determinadas, incremente la investigación y sean utilizados sus resultados como una forma de control social. Las nuevas técnicas de procesamiento de datos, incluyendo todos los artefactos teleinformáticos y las tarjetas de crédito, están reduciendo esa posibilidad de permanecer oculto, ajeno al control, fuera del alcance de las fuentes de poder. Esas operaciones de vigilancia ignoran los límites y las distancias geográficas así como la privacidad, libertad e individualidad, fundados con la Modernidad.

Las subjetividades y los cuerpos se ven afectados por las tecnologías de la virtualidad y de la inmortalidad y por los nuevos modos de entender y vivenciar los nuevos límites espacio-temporales que estos recursos inauguran.

Así, por ejemplo, el avance de narcóticos autorizados y recetados en forma habitual suprime la depresión, la masculinidad en testosterona, nuestra posibilidad de fertilidad y esterilidad en píldoras y tratamientos invasivos, la posibilidad de que un hombre alcance la erección, en Viagra, etc. No hay nada que develar en el sexo ni en la identidad sexual, no hay ningún secreto, a todo se puede acceder. Por ejemplo, en la actualidad la industria pornográfica impulsa la economía informática ya que hay más de un millón y medio de páginas web adultas accesibles desde cualquier parte del mundo. En esta industria, la inversión es mínima, el producto se vende y consume en tiempo real, produciendo la satisfacción inmediata del consumidor y con tan sólo la visita al portal. Pero no nos olvidemos que es la prohibición la que estimula el deseo, cuando todo está ofrecido y a la vista el efecto es la des-erotización. Así la intención del mercado busca dirigir al deseo a satisfacerse con objetos consumibles, sustitutos, que aplacan la inquietud que despertaría la posibilidad de un encuentro con el semejante. Se privilegia el día a día, lo inmediato.

De esta forma las personas anulan su psiquismo, su sentir, y no cuestionan nada. Ya no se trata de develar la verdad oculta de la naturaleza, sino que es preciso explicitar los procesos culturales, políticos y técnicos, a través de los cuales el cuerpo como artefacto adquiere estatuto natural.

Gestionar y maximizar la vida ya no es el objetivo, sino poder y control sobre un todo tecnovivo conectado. Ya no hay cuerpos vivos o muertos sino conectores presentes o ausentes, actuales o virtuales. El hombre hiper excitado, característica de la subjetividad contemporánea, nos muestra la importancia de sus nervios, territorio privilegiado de la angustia, la depresión, el ataque de pánico y los comportamientos obsesivos-compulsivos, blanco fundamental de los psicofármacos y otros dispositivos técnicos que se proponen regularizar y tranquilizar al sistema nervioso.

Cuando la Ciencia y la tecnología prometen suplir cualquier déficit, se abre el camino del goce que conduce al mal, pensándolo como la ideología de la satisfacción total, sin reparar en el límite que impone la diferencia o la falta en el otro y en uno mismo.

Foucault mostró que el poder es perspicaz pero no omnipotente sino por el contrario tiene una especie de ineficacia constitutiva, es impotente por definición, por eso propuso oponer los cuerpos, los placeres y los saberes a las captaciones del poder.

Es imperioso que podamos pensar y aceptar en esta época que nos toca vivir, que los seres humanos somos sujetos carentes, tenemos límites y lo más difícil de soportar es la propia desaparición física. El avance tecnológico nos ha beneficiado en numerosos aspectos pero también se corre el riesgo de arrastrar al sujeto hacia un vacío en el que perdería su condición subjetiva (depende para cada caso y circunstancia).

La relatividad no se soporta. Todo el tiempo mantenemos la ilusión de completud, de plenitud. No podemos escapar a la subjetivación de la realidad, todo lo que tocamos con nuestros sentidos se transforma en algo significante. El mantener el conflicto y el ser sujetos deseantes es algo inherente a la condición humana y a través de la historia y de las distintas épocas nada de lo que ha surgido o surgirá podrá evitar esas condiciones.

Para el psicoanálisis, vida-goce y cuerpo se entrelazan pero no como equivalencias. Es en la transferencia donde vamos a poder pasar del goce en el cuerpo al síntoma, ya que las demandas actuales buscan en las sustancias que proporcionan la tecnología y la ciencia o las que promueve el mercado, un modo de silenciar al síntoma.

Las patologías están desde que el mundo es mundo, aunque los disfraces vayan cambiando. Lo interesante es ver cómo se desplazan, transforman en cada época y ésta es nuestra tarea como psicoanalistas.

 

Bibliografía

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Freud, Sigmund          El malestar en la cultura. (1930 [1929]) Tomo XXI. Amorrortu Buenos Aires (1992)

Freud, Sigmund          Pulsiones y destinos de pulsión. (1915) Tomo XIV. Amorrortu. Buenos Aires. (1992)

Freud, Sigmund          Más allá del principio del placer. (1920) Tomo XVIII. Buenos Aires. Amorrortu (1975)

Freud, Sigmund          Introducción del Narcisismo. (1914) Tomo XIV. Buenos Aires. Amorrortu. (1992)

Freud, Sigmund          El porvenir de una ilusión. (1927) Tomo XXI. Buenos Aires. Amorrortu (1992)

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Tombeur, C., Reid, G, Schvartz, M.              Internet, una visita al interior… donde lo virtual adviene psíquico. Trabajo libre presentado en el XXVI Encuentro de discusión y XXI Symposium: “La clínica psicoanalítica…40 años después”, AEAPG. Buenos Aires (2003)

Tombeur, Cynthia                                          Monografía: “Her… o no Her? Una lectura psicoanalítica sobre el film.” Asociación Psicoanalítica Argentina. Segundo cuatrimestre 2014.-

Tombeur, Cynthia                                                          Ciencia y tecnología actual, ¿avance ó retroceso de la humanidad? Revista digital APA On Line. Marzo 2016.

 

 

 

Resúmen

La autora reflexiona en cómo el avance de la Ciencia y la Tecnología impacta en la cultura incidiendo en la sociedad que va extrapolando esta modalidad a los vínculos afectivos. Todo está al alcance, y tiene que resolverse “ya”. El avance tecnológico trae consigo cierto materialismo e incomunicación extrema. La  realidad virtual que ofrece Internet es un mundo ilusorio, sin rupturas ni conflictos, en un goce absoluto, hay un predominio del individualismo donde toma mucha fuerza buscar la satisfacción dentro de uno mismo. Estar con otro implica encontrarse con la diferencia, con lo ajeno, con lo no-yo. La ciencia y la tecnología son la nueva religión de la modernidad. Los cuerpos son la presa de las biotecnologías que prometen el “todo” y la “eternidad” a cambio de dejarse manipular quirúrgica y genéticamente y llevan implícita la promesa de “felicidad”. Se asiste al surgimiento de un nuevo tipo de saber, con un ansia de totalidad, que pretende ejercer un control total sobre la vida y superar las limitaciones biológicas.

 

Palabras Claves:

Ciencia – Tecnología – Política – Cuerpo – Religión – Realidad virtual – Realidad psíquica Goce

 

 

[1] Freud, S. “El porvenir de una ilusión” (1927) Tomo XXI. Pág. 6. Amorrortu Buenos Aires

[2] Peskin,L.”Seminario: La realidad, el sujeto y el objeto” Índice temático, Pág.32. A.P.A. Primer Cuatr. 2014

[3] Schvartzman, J.”Tenemos Internet, Dios no ha muerto”Págs. 31-34. (2014) Psicolibro ediciones. Bs. As.

[4] Rascovsky, A. “El psiquismo fetal” (1960) Paidos. Bs As