El cuerpo social violentado (ESP-PORT)



Desde una perspectiva psicoanalítica, planteamos una actividad vinculada a un caso de detención y torturas por razones políticas en Venezuela. ¿Qué sucede cuando el Estado no solo no lo garantiza, sino que además violenta el cuerpo social?



Dra.Cristina Barberá, Lic.Gabriela Reyes, Lic.Soraya Sarmiento y Lic.Katharina Trebbau , 01/03/2016, Venezuela
Sociedad Psicoanalítica de Caracas (SPC) / cristina-barbera@hotmail.com; ktrebbau@gmail.com; gabrielareyesch@gmail.com; sarmiento.soraya@gmail.com

 

TRABAJO COMPLETO EN PORTUGUÉS: LINK

Resumen.

En este trabajo pretendemos dar una mirada psicoanalítica a un hecho reciente que atañe a las circunstancias que atraviesa nuestro país, Venezuela.  Se trata de un caso publicado recientemente  en un diario de circulación nacional, de una joven mujer, quien como muchos estuvo injustamente en prisión por razones políticas, siendo su cuerpo receptor de maltratos, violencia y humillaciones, dando como resultado síntomas que nos hacen pensar en una regresión traumática a aquellas primeras fases del funcionamiento mental, donde el yo es en principio un yo corporal (Freud, 1923) y no tiene otros recursos que los netamente fisiológicos para su autopreservación.

Intentamos extrapolar este caso de maltrato, al cuerpo de la ciudadana, al cuerpo social. Nos proponemos acercarnos a una comprensión de la función del Estado, no sólo desde la función paterna reguladora, sino especialemente desde una función materna primaria y primordial.

Cuando el individuo se inserta como ser en la sociedad, asumimos que el Estado, y sus instituciones, cumplirían aquella doble función, paterna y materna que provee al sujeto de una suerte de garantía en su necesidad de autopreservación y desarrollo. Entonces ¿qué sucede cuando el Estado no solo no lo garantiza, sino que además violenta el cuerpo social?

 

Resumo.

Nesse trabalho pretendemos realizar uma aproximacão psicoanalítica sob um fato que diz respeito as circuntâncias que atravessa nosso país, Venezuela. Trata-se de um caso publicado recentemente num diário de circulação nacional, uma jovem de 24 anos, a qual como muitos outros esteve injustamente na cárcere durante 68 dias por razões políticas, sendo seu corpo receptor de maus-tratos, violência e humilhações, dando como resultado síntomas que nos fazem pensar numa regressão àquelas primeiras fases do funcionamento mental, nas quais o eu é em pricípio um eu corporal (Freud, 1923) e não possui outros recursos daqueles netamente fisiológicos para sua autopreservassão.

Tentamos extrapolar esse caso de mau-tratos, ao corpo da cidadania, o corpo social, propondo uma aproximação a função do Estado, não só desde a função paterna reguladora, mas também desde a função materna primária e primordial.

Uma vez que o indivíduo se inserta como ser no mundo, na sociedade, assumimos que o Estado, e suas instituções, cumprem aquela dupla função, paterna e materna que garate ao sujeto em sua necesidade de autopreservação e desenvolvimento. Então, o quê acontece quando o Estado, não só não garante isto, senão que também violenta o corpo social?

 

 

TRABAJO -DESARROLLO-

 

Presentamos extractos de un artículo realizado por el escritor Leonardo Padrón, publicado en febero de este año en un diario de circulación nacional, de aquellos pocos que no están sometidos totalmente a la censura del régimen actual en Venezuela:

Así le dijo un militar a Joselyn Prato el día que fue detenida: “Tranquila, lo que ocurrió es un problema tonto, en cualquier momento te soltamos” […] Pasaron 68 días después de esa frase […] un itinerario pavoroso de calabozos, golpes, maltrato, humillación y violaciones a los derechos humanos.

El viernes 21 de agosto de 2015 las noticias hablaban del incidente ocurrido en Cayo Sal […] donde una multitud de temporadistas ejerció su repudio político a dos figuras del gobierno […] Cuatro horas después, Cayo Sal fue tomado por un asombroso contingente de soldados y policías. La rabia llegó en barco. La venganza, digamos mejor.

Su reclamo fue tan airado que sólo consiguió que un sargento la empujara y cayera en la arena. A partir de allí todo fue vorágine […] Me pisaron el brazo tan fuerte que me lo fisuraron. Quedé inconsciente alrededor de 5 minutos […] Después me arrastraron, así como tú arrastras una silla, por toda la playa.

Me insiste en que ellos le mostraban el ticket que garantizaba que habían llegado a las 1:30 pm a la playa, mucho tiempo después del incidente. Pero el dato fue ignorado.

Los médicos se alarmaron al verla. “El médico estaba indignado. Me quería dejar hospitalizada [...] Pero otro médico le dijo que se podía meter en rollos, que me dejara ir, igual ese era un problema tonto”.

“Yo al capitán lo llamo el monstruo. El nos convirtió en falsos positivos. Nos gritaba: […] Pero se metieron con la esposa del jefe! […] El forense me revisó. Tenía el cuerpo lleno de hematomas, fisuras. Y lo colocó en el informe. El capitán, furioso, lo rompió.”

El relato desciende hacia la pesadilla: “Nos llevaron al Penal. Esa cárcel es un cementerio de seres vivientes […] Eran celdas sin barrotes, herméticas Aquí me muero, pensé. Yo no voy a aguantar esto”. El inframundo.

Le comenzó el pitido de los asmáticos. Vomitó. Había sangre allí también. Se desmayó [...] La llevaron al hospital. Tenía un riñón dilatado por los golpes. Pero igual volvió a la cárcel […] Un día comía pasta y al final descubrió gusanos en el plato. “No quise comer más. Llegué a pesar 35 kilos.”

La directora entonces sembró un falso rumor en la población: “La interna del caso político va a ser mis ojos aquí”. “Me declaró oficialmente enemiga de todas las reclusas”.

“[…] la ministra nos dijo que si queríamos salir en libertad debíamos renunciar a los abogados del Foro y recibir defensa pública. Tuvimos que hacerlo” […] Hoy, Joselyn y Joan están libres, bajo régimen de presentación. Aún no les han celebrado la audiencia preliminar para decidir si son culpables o no.

Lamentablemente en nuestro país son numerosos los casos que demuestran el abuso de poder, por la falta de independencia de los poderes públicos. Según reportes de la Organización no gubernamental para la protección y promoción de los Derechos Humanos (COFAVIC) en el año 2014 se contabilizaron 1018 casos de presuntas ejecuciones extrajudiciales; aunado a un incremento importante de la criminalización de la protesta pública y 157 casos de torturas y violación a la integridad y libertad; derechos humanos fundamentales. El Foro Penal Venezolano (FPV), registró 3408 detenciones arbitrarias, durante el primer trimestre de año 2014, cuando se acentuaron las protestas contra el gobierno.

En este trabajo pretendemos dar una mirada psicoanalítica a este hecho que consideramos desencadena síntomas que nos hacen pensar en una regresión traumática a aquellas primeras fases del funcionamiento mental, donde el yo es en principio un yo corporal (Freud, S. 1923).

Intentamos extrapolar el caso relatado, al cuerpo de la ciudadanía, al cuerpo social. Nos proponemos acercarnos a una comprensión de la función del Estado, no sólo desde la función paterna reguladora, sino especialmente desde una función materna primaria y primordial.

Pensábamos en el cuerpo de Joselyn fisurado, morado, humillado y violentado por los golpes de los irónicamente llamados “guardias” y los daños que los mismos dejarían en su psique, ya no fácilmente visibles a los demás. ¿Serán marcas solo en la psique de Joselyn o en la psique de muchos venezolanos que sufrimos esta realidad compartida en nuestro cuerpo social?

Cuando el individuo se inserta como ser en la sociedad, asumimos que el Estado, y sus instituciones, cumplirían aquella doble función, paterna y materna que provee al sujeto de una suerte de garantía en su necesidad de autopreservación y desarrollo. Entonces ¿qué sucede cuando el Estado no solo no lo garantiza, sino que además violenta al cuerpo social?

El Cuerpo Social puede ser entendido como la conjunción de las necesidades, deseos y aspiraciones de cada segmento que lo compone, organizados según diversos factores sociales. Concebir así el Cuerpo Social nos permite entenderlo, como un organismo vivo que, por la natural necesidad de subsistencia, debe desarrollar aptitudes físicas, psíquicas e intelectuales que son primarias al ser y que le capacite para generar conductas participativas y creativas afines a sus necesidades individuales y colectivas de crecimiento y desarrollo. (Marinovic, M. 1988). Pero hay que resaltar que al igual que en el individuo, los procesos internos del cuerpo social,no siempre pueden atender las necesidades básicas del organismo, generando desequilibrios y tensiones sociales como ocurre actualmente en Venezuela.

Desde el psicoanálisis sabemos que el yo es en principio un yo corporal (Freud, S. 1923). El neonato trae consigo un equipo de autonomía primaria (reflejos) que le permite lograr un equilibrio homeostático dentro del nuevo ambiente extrauterino, en una fase denominada autística normal, caracterizada por una relativa ausencia de catexias de los estímulos externos y donde existe una pequeña y pasajera responsividad al mundo externo (Hartman, H. 1950). El bebé continúa a la fase simbiótica, donde existe poca o nula diferenciación en la psique del infante, quien se vive como parte o prolongación de la madre. No distingue sus propios intentos de reducir la tensión, de aquellos que le brinda la madre. Los mecanismos biológicos del cuerpo son útiles para este fin, pues el bebé aún no cuenta con otros recursos. Estos procesos automáticos de defensa, y supervivencia, los podemos observar en los relatos de Joselyn, apareciendo de manera reactiva ante una realidad improcesable e indigerible para su psique en ese momento traumático.

Los seres humanos nacemos con una función de auto preservación comprometida, ya que el yo rudimentario debe necesariamente complementarse con el cuidado materno; necesitamos de esa relación emocional con una madre, en una especie de simbiosis social (Mahler, M. 1975). Dentro de esta matriz de dependencia sociobiológica, ocurre la diferenciación estructural que llevará a la organización posterior del individuo para su adaptación, el yo en funcionamiento, el ser ya diferenciado. Nacemos en un segundo momento como seres psicológicamente diferenciados, más o menos independientes, a partir de un otro que nos sostiene y contiene en muchos más sentidos que el físico.

Esto tiene muchas implicaciones para nuestro funcionamiento mental, si bien es cierto que esta primera relación marca las bases para nuestras relaciones futuras; la simbiosis social del ser humano va más allá de la del niño con su madre. Sabemos que el niño para desarrollar sus potencialidades, requiere que sus necesidades básicas estén cubiertas, entre ellas la confianza básica en el mundo, lo que favorece el desarrollo de adecuadas relaciones objetales, la integración psíquica y el establecimiento de una identidad propia.

En este sentido, el cuerpo social necesita que el Estado actúe como esa madre suficientemente buena, proveedora de una seguridad básica, una función contenedora que le permita su integridad y el progreso de sus dimensiones: vitalidad, estructura y función) para la consecución de los objetivos básicos de preservación, integración y desarrollo. (Yanez, A. 2010). Los individuos dentro de ese cuerpo social sin esas condiciones somos todos vulnerables de procesos regresivos y de desorganización progresiva Marty (1990) y con alto riesgo de padecer un funcionamiento mental y social enfermo, que conlleve a la involución social y cultural. Aunque en Venezuela no existen estadísticas oficiales, es notorio en la comunidad médica el aumento de dolencias psicosomáticas, así como el

incremento de la violencia. ¿Podríamos pensar, entonces que la pulsión de muerte ha encontrado el camino libre?

La madre le da al niño la ilusión de que es sostenido incluso sin cargarlo, ni tomarlo de la mano, sólo con la mirada materna basta para el niño soltarse y sentirse que es omnipotente aunque sea por una breve fase del desarrollo; es necesaria esa ilusión para que el niño pueda luego probar su autonomía y ejercerla, incluso así puede llegar a ser creativo y genuino, lo que posibilita el nacimiento del verdadero self, su núcleo elemental (Winnicott, D. 1954). Del mismo modo, es importante para los ciudadanos sentirnos sostenidos por esa ilusión, esa confianza de que existe un orden social, un estado de derecho que nos contiene, nos regula y nos protege de la anarquía, la barbarie, de las injusticias, del inframundo que vivió Joselyn por 68 días. “Es este pilar fundacional el que se resquebraja o se derrumba en la experiencia de la Tortura…, donde el otro cesa en su condición de semejante y se transforma en el monstruo sonriente que se deleita con la aniquilación de la víctima” (Viñar, M. 2005 p. 131).

Según Mahler (1975), en el curso normal del desarrollo, la necesidad se convierte en un deseo y luego en un afecto, existiendo la necesidad de hallar objetos acordes con los anhelos. Winnicott también nos explica que la madre suficientemente buena logra sustentar la experiencia de la ilusión y la omnipotencia primaria de su hijo, captando sus necesidades y adaptándose a ellas. ¿Qué pasa cuando se rompe traumáticamente ese curso normal, cuando la necesidad no encuentra un objeto acorde sino más bien todo lo contrario, un objeto agresor, mortífero? ¿Cuáles son las vías que toma el psiquismo? Cuando Joselyn en vez de comida recibe gusanos, creemos que surge la anulación del deseo, de la libido que liga a la vida, se crea un desbalance en la relación entre las pulsiones básicas, gana la pulsión de muerte: el no comer es una forma de estar muerto en vida. Es la no-vida que puede ser más terrorífica que la muerte. Joselyn llegó a pesar 35 kilos.

El cuerpo también da sentido de existencia, permite la vivencia de que se ocupa un espacio y que se puede ser mirado por otro. El cuerpo vulnerado, maltratado nos acerca a la muerte, así como lo hace el cuerpo de Joselyn. La imagen de cuerpos desnudos, dormidos, medio muertos que caen al piso indiferenciados, sin identidad, refieren a los peores terrores psíquicos de derrumbe, de fusión desintegradora, aniquilante.

El cuerpo adquiere por el sufrimiento su indicio de objeto real. El cuerpo de Joselyn es una dosis de realidad para todos. Es el representante simbólico de una sociedad que también es torturada cotidianamente. Michel Bernard (1976) nos dice: “Obrar sobre el cuerpo…es siempre un medio, de alguna manera mágico, de obrar sobre la sociedad” (p. 185).

Auglanier (1979) explica el dilema entre alineación o la muerte, propio de sociedades donde el poder desempeña el papel de una fuerza alienante, que nos lleva a utilizar mecanismos autistas, regresivos, ya que nos amenazan efectivamente de muerte. Circula un poder de muerte sobre el otro. Todo sujeto en estos sistemas perversos es tanto víctima como asesino potencial, operando una relación de perseguido-perseguidor. Levín (2002) enfatiza que: “Tanto víctima como verdugo son portadores de un lenguaje compartido (p.378). No sólo el lenguaje no diferencia a la víctima del verdugo sino que es ese mismo lenguaje el que los instituye y nos instituye como humanos” (Reznisky, S. 2006 p.382). Por razones de supervivencia, el sujeto tiene el mayor interés en no pensar en el poder como perseguidor, el sujeto es inducido a huir, a alienarse, a quedarse encerrado en sí mismo. Evita o “no puede” pensar en la realidad que percibe y los fantasmas que esa realidad despierta. Para Marcelo Viñar (2005), esta alienación puede también tomar la forma de desmentida; desmentida cuando el horror adquiere cualidades del espectáculo de lo cotidiano, o cuando el régimen totalitario de estado va distorsionando el significado de los términos (misiones, guerra económica, etc…), que no sólo velarían a la víctima la cualidad del acto criminal, sino que permiten el desconocimiento del acto por parte del perpetrador en el momento mismo de realizarlo (Reznisky, S. 2006). En este sentido rescata el aporte de Ferenczi (1934) de que lo más traumático no es el trauma mismo, sino la desmentida del hecho traumático. Recordemos al guardia que rompe el informe médico de Joselyn.

Lo traumático está destinado a la repetición a menos que pueda encontrar una vía de elaboración. Elaboración en la que la historización juega un rol central como lo entendemos desde el psicoanálisis. La memoria colectiva o des-memoria es una realidad social transmitida y sostenida por las instituciones. La memoria se construye socialmente. Sociedades en las que se sostienen utopías mortíferas la memoria y la historicidad son rechazadas (Puget, J. 2006).

Por otra parte, ¿qué pasa con la psique de las nuevas generaciones que están creciendo en un entorno donde la alteridad y la individuación es condenada y violentada, dónde no existe confianza en las instituciones y el irrespeto por los derechos humanos está a la orden del día?. ¿Qué pasa en la psique de las víctimas de abusos sostenidos en el tiempo, por un ente cuya función primordial es garantizar el orden social, la justicia y la humanidad?. Si la creencia en la bondad humana, queda fracturada tanto más que el cuerpo, podríamos pensar que su función como organizadora del psiquismo está expuesta a un daño inminente.

Según Norberto Helmam (2004) La instalación de una confianza básica en la bondad de los seres humanos sólo aparece ante el reconocimiento de un otro en una convivencia amorosa, solidaria, respetuosa, recíproca, responsable, con límites y capacidad de auto corrección.

Creemos que es nuestra tarea como analistas en formación y como ciudadanas venezolanas, extender la invitación a nuestros colegas latinoamericanos y a las sociedades internacionales, a luchar contra la alienación, la desmentida y el silencio del que padece nuestro cuerpo social, a través del pensamiento reflexivo psicoanalítico que nos permita no solo denunciar, sino accionar frente a la necesidad de reconstrucción de esas partes dañinas, dañada, enfermas y alienantes de nuestro país, Venezuela. Y como dijo Freud en 1915 “Volveremos a construir todo lo que la guerra ha destruido, quizá en terreno más firme y con mayor perennidad”.

 

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