Violencia, ¿tendencia natural, acto perverso o pulsión de muerte



El tema que me convoca a escribir es la violencia social en nuestro país e intentaré pensar desde diferentes perspectivas qué entiendo por violencia, con que otros conceptos la relaciono, y plantearé el crecimiento gradual desde lo normal hasta lo patológico, tal vez llegando hasta lo terrorífico, que es cada vez más común ver manifestaciones de la violencia a este nivel terrible en todo el mundo, por supuesto también en mi país.



Fernando Anguiano, 04/01/2019, Guadalajara
SPG / zeitgeist@lex-press.com.ar

 

Desde el inicio del psicoanálisis se ha planteado que somos, al comienzo de la vida, seres instintivos que deseamos satisfacernos inmediatamente y si eso no sucede nos volvemos iracundos, demandantes y nos desbordamos. Siempre se ha planteado un par de cuestiones que hay que reprimir, por ejemplo en el Edipo, la sexualidad y la agresión. Freud escribió que se conoce primero el odio que el amor, a partir de la diferencia, el bebé odia a su madre porque no es Uno con ella. Entonces todos tenemos una agresión interna, que puede ser domeñada, y la diferencia de que esta energía sea usada para destruir o construir está un tanto determinada por el ambiente creado por la madre, la familia, la cultura.

Una definición de diccionario de violencia es el uso de la fuerza física para conseguir un fin, especialmente para dominar o imponer algo. Freud planteó una tendencia innata hacia el sadismo y el masoquismo relacionada también con el Edipo claramente expuesta en Pegan a un niño o en El problema económico del masoquismo, insisto en el papel del ambiente para dominar estos impulsos y construir, sublimar o simplemente hacer un uso más valioso de nuestra pulsión. Y me detengo en esto porque hay una delgada línea entre la normalidad de esta agresión, y la violencia que excede ese límite y ya se le considera patología.

Claramente en Pegan a un niño y en otros escritos de desarrollo, Freud expresa que hay momentos perversos de desarrollo y que ciertas fijaciones en la edad adulta a estas etapas ya constituirían rasgos perversos patológicos. El sadismo y el masoquismo están ubicados claramente como rasgos de esta patología y es algo que se presenta comúnmente en los consultorios psicoanalíticos, por lo menos aquí en México. Hay múltiples formas de expresión de este par antitético, cada forma de expresión es muy particular y está vinculada con la individualidad de cada paciente, de cada sujeto, sin embargo conocemos frases “típicas” de personas de clase media baja que como “Si no me pega, no me quiere.” que muestran este factor evidentemente; los que somos mexicanos, seguro conocemos numerosas historias de alcoholismo y violencia física en muchos hogares de nuestro país, violencia contra la mujer. Es más evidente la violencia física en sectores socioeconómicos más bajos, sin embargo sabemos que la locura no tiene clases sociales, otras esferas también presentan estas dinámicas de dominación-sometimiento, insisto, de diversas formas tal vez no tan visibles, o tan escandalosamente presentes sin embargo pueden estar presentes del hombre hacia la mujer o viceversa.

Podría pensar que en esta época la mujer en México tiene mucho más control en sus hogares que los hombres. Esto puede ser analizado desde varias perspectivas de género, de la inclusión laboral de la mujer en las últimas décadas, de la pérdida de exclusividad del hombre en su rol de proveedor, sin lugar a duda hay una crisis en la pareja aunque ahora este tema no me convoca. Rescato solamente que estas circunstancias pueden mostrar sutilmente el juego del sometimiento en la pareja, con beneficios para ambos lados debido al plus de placer mencionado por Aulagnier, y con sus nefastas consecuencias.

Subiendo un poco el tono en la dimensión de la perversión de la violencia, nos encontramos con ciertas atrocidades que han sucedido a lo largo de la historia del hombre, ya conocemos muchas, la Inquisición, las guerras y podría mencionar “N” cantidad de situaciones en donde el dominio, el sojuzgamiento de gobernantes, de líderes políticos, religiosos, sociales. ¿Cómo se podría catalogar esto en psicoanálisis? ¿Perversión? ¿Se estará ya entrando el terreno de la pulsión de muerte?

Me detendré un poco para hablar sobre la pulsión de muerte desde el autor francés André Green e intentaré vincularlo con el tema de la violencia. Después de un largo y vigente debate sobre la pulsión de muerte Green tomó su postura respecto a esta pulsión. Él explica que es una sola pulsión la que está presente en el psiquismo, y la división conceptual entre la de vida y la de muerte está en relación a como se utiliza esta energía, es decir, si está energía se liga o no a otros objetos. Utiliza el término Función objetalizante y función desobjetalizante para explicar la pulsión de vida y de muerte. La función objetalizante es una actividad del aparato de investir objetos (personas, funciones, trabajo, etc.) y nunca cesar en la búsqueda de nuevos objetos, siempre manteniendo la pulsión en un constante movimiento, buscando satisfacción pero sin encontrar algo que la sacie por completo.

Personalmente lo relaciono con la Falta que introduce Lacan y que nunca puede ser satisfecha, y gracias a eso tenemos Deseo y ese será por siempre el motor de la vida. Por el contrario la pulsión de muerte a través de la función desobjetalizante, y no entiendo porque se llama función, porque al final es la ausencia de movimiento, es detenerse en cualquier búsqueda, o encontrar un objeto “único” que de TODA la satisfacción o simplemente descatectizar la vida misma. Clínicamente pienso que la manifestación más evidente de ésta es la esquizofrenia grave o la melancolía; el narcisismo muy relacionado con esta función desobjetalizante.

Partiendo de esto, rescatando brevemente de Green y regresando al tema principal del trabajo, propongo que el vínculo sádico-masoquista tiene algo de pulsión de vida debido a que hay un goce en el hacer sufrir al otro, o sufrir por el otro, hay un vínculo sexual, que liga a las personas, si patológicamente, sin embargo ligado. Cuando existe una desligadura o un aplanamiento emocional,  en el asesinato, el genocidio, cuando no hay consideración mínima por la vida del otro, en función de los intereses propios, se estaría pasando a otro nivel de relacionamiento, se desvincularía la pulsión de vida, y se estaría hablando, no estoy seguro si de pulsión de muerte, pero si de una destrucción en donde el otro ya no es objeto, el otro es una cosa, algo que estorba a un grado máximo de aniquilación psíquica y biológica, una absoluta deshumanización del otro. Está idea no está completamente construida, no he podido aterrizarla en mayor medida, y se me ha recomendado leer ¿El porqué del mal? del mismo Green, en donde analiza cuestiones que superan los límites de ciertas patologías.

Creo que ya no alcanza el hablar de la perversión o de la psicopatía para explicar cómo grupos criminales en México captan adolescentes de 13 o 14 años para que sean parte de sus tropas, y terminan siendo acribillados. O migrantes centroamericanos que pasan por nuestro país en búsqueda del “Sueño americano” llagando a los Estados Unidos, y terminando disueltos en ácido, o enterrados en fosas con 200 personas más. Compañeros en Latinoamérica, tal vez hayan escuchado de los 43 normalistas de Ayotzinapa, Guerrero, México, ya que ha sido una noticia internacional, jóvenes que alzaban la voz y fueron acallados hasta su desaparición y después de 18 meses  no se ha podido resolver en donde están sus restos; el gobierno mexicano ha devaluado explicaciones de peritos expertos argentinos, que ellos mismos contrataron pero que al dar otra versión a la versión oficial del gobierno fueron desestimados, también la ONU ha incurrido en opiniones sobre los Derechos Humanos en México y el Estado ha desechado dichas opiniones. El nivel de impunidad y de complicidad del Estado y el narcotráfico es enorme en nuestro país.

No quiero extenderme más en esto, porque no me siento con las bases firmes para discutir profundamente sobre estos hechos políticos y sociales, conozco estos temas a partir de los periódicos y medios de información, pero estos también son muy cuestionados respecto a su ejercicio ético.

En conclusión quisiera recapitular las 3 dimensiones que visualicé en el título del trabajo. Si creo que todos tenemos un monto de pulsión innato, algunos nacemos con una cierta voracidad, con cierta intolerancia a la frustración más que otros sujetos, y esa puede empujar la balanza, aunque sea levemente, hacia una postura más agresiva y más violenta que otros. Por supuesto creo también que el ambiente y las relaciones de los sujetos con el mundo van abonando a la constitución psíquica de ese sujeto en cuestión, en resumen si somos violentos de inicio. Creo también que todos somos un poco perversos, tenemos rasgos y podemos tender a la dominación o al sometimiento, y siempre combinados estos dos aspectos, uno predominando sobre el otro, pero presentes ambos. Por último considero que las muestras de violencia extrema rebasan la conceptualización de la pulsión de muerte, de las estructuras perversas, y tal  vez en otro encuentro pueda platicarles lo que Green menciona del mal por el mal. O tal vez ustedes ya han leído al respecto y será muy interesante discutirlo con ustedes y profundizar más en ello.