Tiempos violentos (esp.)



Luces y sombras pulsionales de México.



Paola Lugo Leandro, 09/04/2016, Guadalajara
APG / zeitgeist@lex-press.com.ar

 

Hablar del país de uno suele ser una experiencia  agradable, uno habla enorgullecido de su lugar de origen, lo adorna, presume y colorea. México brilla y Eros se hace presente en muchos momentos, sus sabores, paisajes, olores, canciones, y sobre todo su gente le dan vida a tan lindo lugar. 

Pero en México también está el lado oscuro, donde la pulsión de muerte y las manifestaciones del mal gobiernan y en los últimos años han provocado atrocidades y mucho daño a la sociedad. Hablar de la violencia que sacude a mi país no ha sido un tema fácil. Centrar mi mirada en las heridas de una sociedad lastimada, me aprieta el corazón y enciende mis entrañas.

En México, día a día vivimos escenas de horror que nos dejan impactados, colapsados y sin la mínima posibilidad de elaboración. Secuestros, corrupción, asesinatos a sangre fría, cuerpos mutilados, inseguridad, políticos empoderados, narcotráfico, gente desaparecida, pobreza extrema, migración, feminicidios, en fin, la lista es larga. Son escenarios que nos plantean la posibilidad de abordar temas como la fuerza intensa de Tánatos, la psicopatía y la ausencia de ley.

Continuaré con algunas preguntas que surgen a partir de pensar en la sociedad actual, pretendo que algunas de ellas se reflexionen en este trabajo, otras, seguramente quedarán abiertas y nos invitarán a la discusión. ¿Si la agresividad siempre ha estado presente en la humanidad, será que los cambios socioculturales y su efecto en la falta de pensamiento, la ha incrementado?, ¿Cuáles son las consecuencias de gobiernos donde figura la falta de ley y de orden?, ¿El psicoanálisis está en posibilidades de pensar nuevas maneras y posibilidades como una salida a este exceso de violencia?

Freud. S., (1930), nos  hablaba de la presencia de la agresividad desde que la humanidad existe, en su artículo “El malestar de la cultura” menciona lo siguiente: “El ser humano no es un ser manso, amable, a lo sumo capaz de defenderse si lo atacan, sino que es lícito atribuir a su dotación pulsional una buena cuota de agresividad”.

No podemos librarnos de la agresividad. Eros y Tánatos toman forma en nuestro psiquismo. Ambas pulsiones intrincadas van tejiendo un enramado que puede dirigirse hacía distintos puntos. El problema surge cuando la pulsión de muerte queda pura y toma una fuerza intensa. Uno de los autores que hace un estudio profundo y sensible al respecto del tema es A. Green, quien apoyando a Freud afirma que la pulsión de muerte obedece a la desligazón y así, la función desobjetalizante es una tarea bien conocida por ella. 

Cuando intento entender qué puede llevar a un ser humano a despojar de la vida a otro ser humano, sin sentido alguno y sin la más mínima valoración por la vida, no puedo dejar de pensar en el artículo: ¿Por qué el mal? de A. Green (1988). En este texto el autor nos lleva por un recorrido en donde intenta explicar el mal puro y sin razón. En relación a la pulsión de muerte y su función desobjetalizante, nos dice lo siguiente: “Si la destructividad contra el otro ha de llegar lo bastante lejos, la condición indispensable para la realización de ese proyecto es desobjetalizarlo, es decir, retirarle sus propiedades de semejante humano”.  

Vuelvo a citar a A. Green: “La malignidad del mal, la que atrae la maldición sobre la cabeza de quienes se hacen culpables de él, ya no es ejercida en vista del placer, sino del alivio de una tensión que busca la descarga; no engendra ya ningún deseo, sino que se consuma en la indiferencia y la insensibilidad de una psique que ha dejado de fantasear para quedar prisionera de una acción desencadenada sea con un método implacable, mecánico, sea en medio del caos que sólo se detiene bajo el juego cruzado de otra violencia”.

Al final de dicho artículo A. Green intenta explicar las causas del mal, y nos dice que no hay un porqué del mal. El mal es sin por qué. No obedece a orden alguno, no obedece a ningún fin. Depende sólo del poder que se pueda ejercer para imponer su voluntad a los objetos de sus apetitos. Para llegar a este término, no hay más remedio que entenderlo desde la teoría de la intrincación y desintrincación de las pulsiones. El mal es desligazón integral, y por eso no-sentido total, fuerza pura.

El mal es un monstruo abismal, no hay manera de exterminarlo. ¿En este punto el psicoanálisis se encuentra con una limitante?

Ahora quisiera abordar en tema de la descarga pulsional y la psicopatía.  Eiguer, A. (1997) menciona que el psicópata se caracteriza por el acto impulsivo, en respuesta de una insatisfacción mal tolerada. Lo que gobierna aquí es la acción; los afectos, el sentimiento de culpa y el pensamiento son nulos. El psicópata intenta liberarse de una tensión interna que le sigue desde su infancia y encuentra en la motricidad una posible descarga inmediata.

Si tantos actos delictivos quedan de lado de la psicopatía, entonces nos encontramos con una incapacidad de pensar en donde reina el principio de placer.  Nos encontramos con psiquismos pobres, en el vacío y la destructividad, que no toleran la frustración, la espera, la ley.  ¿Qué es lo que nos hace adquirir la capacidad de pensar, simbolizar y así poder ligar nuestras pulsiones?  ¿Cómo se hace para que la creatividad tome lugar en el psiquismo?, son preguntas que nos llevan a respuestas complejas. Sin embargo, trataré de dar algunas ideas al respecto. Eiguer, A. menciona que es común encontrar historias teñidas de abandonos y graves carencias  en los psicópatas, no hay vínculos fuertes y confiables que hayan acompañado en momentos determinantes de sus vidas. Aquí hay un punto importante, sabemos la importancia de la presencia de un otro que contenga, de forma y figura a nuestro psiquismo. 

Flavigny, H. (citado por Eiguer, A. en su libro “Pequeño tratado de perversiones morales), destaca la atonía, la falta de dinamismo y de iniciativa de los jóvenes psicópatas, ya que nunca tienen ganas de hacer algo. “Aquí se puede ver la falta de estimulaciones infantiles. Los padres dan normalmente amor, cuidados y alimento, pero también estimulan con su presencia la imaginación, el juego, el canto y el habla con sus hijos. Muchos psicópatas no conocieron esto”.

Pienso en México y lo que acontece en nuestra población y por lo tanto en los núcleos familiares. En un país donde la pobreza extrema ocupa un lugar tan importante y es el común denominador para millones de personas, entonces la atención y la energía está puesta más bien en la sobrevivencia.  La gente vive al día, en donde la única preocupación está puesta en cubrir necesidades básicas, a veces sólo alcanza para alimentarse, y el psiquismo es tan bien el que se ve más afectado, es precario y el menos alimentado. El ambiente se ve rodeado de situaciones lamentables, como el desempleo, adicciones, violencia intrafamiliar, y falta de educación, en fin, espacios en donde lo que menos se puede generar es pensamiento y deseo. 

Si bien Freud nos decía que aquello que nos humanizaba y nos hacía formar parte de la cultura era la prohibición del incesto, el canibalismo y el parricidio. Me parece que actualmente, poco a poco vamos perdiendo la capacidad de humanizarnos, y que vamos en un camino de reversa como si regresáramos al tiempo de las cavernas. Pareciera que estamos en un país donde todo se puede y no hay nada ni nadie que pueda frenar y poner un orden. Nos deshumanizamos cada vez más.

Veamos qué hay de lado del orden social y el tipo de autoridad que ejercen las personas que se encuentran en las esferas de la política, esos que gobiernan nuestra sociedad, esos que se dicen representantes de la ley. La sensación que este tema provoca es muy desagradable y decepcionante, ya que tanto de lado de la delincuencia y los gobernantes se puede observar claramente una ley torcida, que surge desde la postura de cada uno, de cada quién, y que no obedece a una ley universal generadora de un orden social.

Lacan nos deja un legado importante, en la metáfora paterna encontramos la interdicción de la ley del padre, en donde hay un límite, y se pone en juego la prohibición como ordenadora del psiquismo. El padre no ejerce “su ley”, si no la ley de un orden universal. Así la transmisión de esa ley es clara y precisa. Como sociedad, nos enfrentamos a la falta de ley, se encuentran mil y una formas de transgredir las reglas y las normas, esta tendencia lleva a la destrucción.

¿Ante qué nos enfrentamos: sociedades psicóticas, sin ley, enfermas, psicopáticas, arrasadas por la pulsión de muerte? ¿Qué nos queda por hacer en vías de generar cambios? ¿Cómo apostarle a la pulsión de vida?

Todos tenemos algo que hacer, lo peor que podemos hacer es no hacer nada y solamente quedarnos detrás de los periódicos horrorizados.  Lo que no puede suceder es permanecer inmunes e indiferentes hacia lo que nos rodea. No podemos deshumanizarnos, ni tampoco acostumbrarnos a escenarios cómo los que nos presenta nuestro país hoy en día. Lo que si puede suceder es considerar al otro, en todos sentidos, libidinizar la vida propia y la de los demás, generar pensamiento y creatividad en vías de la búsqueda de la pulsión de vida.

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Referencias bibliográficas:

Eiguer, A. (1997). Las perversiones morales. Editorial: Grupo Patria Editorial.

Freud, S. (1930). El malestar en la cultura. Obras completas. Tomo 18. Editorial: Amorrortu.

Green, A. (1990). La nueva clínica psicoanalítica y la teoría de Freud. Editorial: Amorrortu.

 

 

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