La Era del pos Humanismo



En este breve escrito, la actual Secretaria Científica de la APA recorre algunas concepciones sobre la post-modernidad.



Mirta Goldstein, 10/02/2019, Buenos Aires
APA / goldsteinmirta@gmail.com

 

Muchas denominaciones vinieron a sumarse a la tan mentada Pos modernidad.

La civilización líquida de Baumann, por ejemplo, fue metáfora de muchos signos epocales, del vacío emocional e intelectual que se les atribuyó a las nuevas generaciones, de ciertas características narcisistas que se han adjudicado a las sociedades.

El siglo XX fue escenario de la caída de las concepciones humanistas y los efectos nocivos del capitalismo tardío y la globalización.

Surgieron, entonces, síntomas y fenómenos subjetivos de repliegue individualista que se condensaron en las frases: sálvese quien pueda, y esto no es lo mío.

Así como el nazismo sustituyó y anuló los ideales iluministas de la razón y la secularidad del siglo XIX, hoy nuevamente son derribados por los neonacionalismos, los ideales de paz y bienestar social.

Asistimos a procesos que consideramos crueles, devastadores, producto de la ignominia y corrupción ideológica. También asistimos a diferentes engaños en que caen los pueblos y los votantes. Asistimos a una deshumanización de la política y a la decadencia de los partidos.

Por lo tanto, desfilan ante nosotros masas convencidas de verdades utópicas y masas descreídas en cualquier ideal. Quizás sean las dos caras de una misma moneda.

Los descreídos se transforman en “refugiados” y los utópicos en mayorías irresponsables del futuro.

Algunos autores empiezan a pensar sobre las nuevas formas que están adquiriéndolas representaciones sociales; a mi gusto podemos pensar que atravesamos una etapa en la cual la condición humana se modifica porque se están destruyendo las condiciones humanas de prosperidad.

El ideal que cae una y otra vez es el de evolución y desarrollo.

La falta de trabajo que se da en el mundo sin distinción de países, por ejemplo, hace pensar en nuevas formas de esclavitud.

Mientras el ideal de prosperidad incluía la idea de ocio creativo, de jubilación fructífera, las sociedades siguen sin estar preparadas para la experiencia de la falta de trabajo.

A esta falta de trabajo no la considero sólo producto del mercado laboral, porque ya no hay que ir 8 hs. diarias a un lugar específico, aunque se obtenga un salario o remuneración y eso cambia la concepción del tiempo.

La robotización cada vez plantea más dilemas, entre ellos que hacer con el tiempo libre de todos los días.

Si a esto agregamos el envejecimiento poblacional por el cual muchos adultos mayores son reemplazados en sus tareas por jóvenes con otras experiencias a las requeridas hasta el momento, no podemos ni siquiera imaginar sociedades que contengan lo intergenaracional y el traspaso de saberes.

No es razonable luchar contra lo nuevo porque las transformaciones se darán igual. Sobre lo que intentamos reflexionar es sobre cómo ir ordenando la transición generacional, laboral, económica y política para que los efectos subjetivos sean menos cruentos.

Recuperar valores humanistas que sirvieron en otras épocas puede ser hoy ilusorio y hasta irreal; pero puede no serlo si pensamos en valores humanitarios que amortigüen los procesos.

A la era del pos humanismo podemos contrarrestar la era de la reconstrucción humanitaria. Bien lo necesitamos en un mundo que no se pone de acuerdo sobre el calentamiento del planeta, las armas nucleares, los beneficios y perjuicios de los refugiados, la violencia a las mujeres y la pedofilia, la droga y sus mafias, el canibalismo económico, entre muchas otras cosas preocupantes.

La era del poshumanismo, en todo caso, tiene dos opciones: o dirigirse hacia la destrucción o recuperar sin nostalgia, pero acorde con las realidades, alguna propuesta ética con los otros seres humanos.